Otros ángulos; Lula y Astudillo ¿casos de audacia o cinismo?

Hasta hace poco era un personaje emblemático. Fue presidente del Brasil durante ocho años y el 31 de diciembre del 2010 le entregó el mando a la candidata de su partido Dilma Rousseff. Lula, como cariñosamente le llaman, o llamaban, a Luis Inácio da Silva comenzó a los 14 años siendo obrero metalúrgico, ingresó al sindicato hasta llegar a la presidencia del mismo. Se hizo notar como el mayor partícipe de las mayores huelgas durante la dictadura. Aspiró a la presidencia del Brasil en tres ocasiones hasta que resultó vencedor. Como presidente hizo reformas radicales que llevaron a su país a transformarse en una potencia en donde redujo de manera importante grandes franjas de pobreza. Ese Lula, aunque parezca increíble, es sujeto de acusaciones graves y severas: enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Se le vincula a la trama de corrupción de Petrobras y a la aceptación de regalos millonarios. ¿Tenía necesidad de ello? Antes que nada, ¿es inocente? Ya ha sido presentado ante los tribunales y él, junto con su protegida, amiga, discípula y ahora protectora ( ¡0h! qué vueltas da la vida), ingresa al gobierno a un cargo de gran relevancia como titular de la Casa Civil y ejercerá como mano derecha de la presidente Dilma Rousseff con lo que las causas en su contra pasarán a ser competencia de la Corte Suprema. Es decir, quedará blindado, al menos temporalmente. Este nombramiento pretende hacer de lado las multitudinarias protestas callejeras que contra él y la señora Rousseff se han extendido por todo Brasil y, además, sitúa al ex mandatario en un sitio clave para presentarse como candidato del Partido de los Trabajadores nuevamente a la presidencia del Brasil; algo de lo que él ya habia mencionado. En los diarios de aquel país, le han hecho recordar algo que él dijo en el año 2000: Cuando un pobre roba, va a la cárcel, pero cuando un rico roba, lo hacen ministro.

En un giro inesperado y hasta insólito, el gobernador del estado de Guerrero, Héctor Astudillo argumenta que se debiera considerar la posibilidad de legalizar los cultivos de amapola para uso medicinal. Por supuesto también la mariguana para con ello cumplir con la meta estratégica de quitarle el negocio que hoy tienen los cárteles dominantes en la región. Con esto, el gobernador sostiene se abatiría la violencia y el estado tendría recursos para destinarlos a la creación de escuelas, carreteras, hospitales y devolverle a Acapulco, Zihuatanejo, Taxco sus inigualables marcos turísticos. Sacar de la pobreza atávica a numerosas regiones del estado sería una posibilidad si se contara con esta legalización al mismo tiempo que se evitarían los choques a muerte entre las bandas rivales y también con el ejército y la marina. Acapulco, una de las ciudades más peligrosas del mundo y en general el estado de Guerrero, llegan en datos oficiales (2014) a tener 47 asesinatos por cada 100 mil habitantes, lo que hace más del triple de la media nacional.
El gobernador Héctor Astudillo va más allá de lo que institucionalmente pudiera esperarse de él, sin duda en buena medida para tratar de parar la ola de criminalidad que priva en su estado, lo que no se puede saber, es que ocurrirá con la legalización de la marihuana sobre la que se han realizado ya cuatro foros en distintas partes del país y siempre ha sido sobre el uso medicinal de la yerba; pero del opio, es decir la heroína, es ciertamente la primera vez que de ello se habla.  Antonio Luigi Mazzitelli de la oficina antidrogas de la ONU ha dicho que la regulación de cultivos de amapola no es la forma de controlar el tráfico pues eso requiere un ataque frontal e integral a las actividades financieras, económicas y sociales que forman un tablero de actividades particularmente difíciles de controlar.                                                                                                                                     Como sea, el señor Astudillo ha dado un brinco que seguramente en algunos círculos tendrá severas críticas e impedimentos. Tendremos que preguntarnos, ¿y cuáles pudieran ser sus apoyos? Lo que está en juego es definitivamente importante. Habla de grandes necesidades que requieren igualmente grandes soluciones en un México en transformación.