Otros ángulos; ¿Sabe alguien cómo defendernos de las gasolineras?

Es altamente probable que los redactores de la iniciativa de la ley secundaria en materias tan complejas como son la radiodifusión, las telecomunicaciones, el Internet, estén arrepentidos de haberlas puesto en el mismo costal.

Si bien en muchos aspectos estos asuntos se ven relacionados entre sí, el hecho es que cada uno de ellos merece trato preferencial y aparte.

¿Son importantes los satélites y la fibra óptica? Por supuesto que lo son.

¿Es merecedora de atención la plataforma del Internet? Ya nada escapa a ello

¿Necesitamos radio y televisión de calidad? Urge la ofrezcamos a la población

En consecuencia, ¿en qué parte de ese ente corpóreo llamado la ley Telecom está lo verdaderamente toral? Y vale preguntárnoslo debido a que el senador Emilio Gamboa destacó que se negociarían algunos aspectos de esa ley, como el bloqueo de señales por temas de seguridad en Internet, con el fin de evitar debatir sobre temas que no son centrales en la iniciativa.

¿Acaso no es trascendente todo lo que ya está y lo que viene a través de la nueva tecnología en las bandas anchas o flacas; en las supernovas de la fibra óptica y sus muchísimos derivados con consecuencias definitivas en los campos de la alimentación, la salud, el medio ambiente, y las múltiples ingenierías del derecho internacional?

Una estructura nacional que se avoque solamente a estas materias ya comienza a darse en otras latitudes ciertamente heladas como Finlandia, Noruega y Suecia. Quedarnos rezagados en nuestro cálido mundo semitropical, será una preocupación lamentable para las próximas generaciones de mexicanos.

Buena parte de la llamada inteligencia preventiva de delitos descansa en la observación puntual en las actividades de los criminales. ¿No es definitivo contar con señales claras y flexibles para el rastreo criminal? Ciertamente lo es y correspondería a una legislación específica en materia de seguridad que así lo definiera. Si bien el instrumental técnico corresponde a las telecomunicaciones, la materia de fondo ancla en otras franjas jurídicas.

En estas mismas páginas, el agudísimo Rafael Cardona ha escrito sobre lo que bien puede llamarse el fin de la vida privada. Nuestros datos elementales como el perfil de nuestro ser, el domicilio, los teléfonos, la afiliación a compañías de seguros, nuestras enfermedades, el amor que profesamos, los desencuentros, las tarjetas de crédito, y todos los etcéteras que enlistemos, están al alcance de terceros. No importa lo que intentemos para protegernos, estamos a la intemperie. El señor Snowden ha demostrado con reiteración que las cuentas más secretas del Pentágono y sus alrededores, son vulnerables a la técnica que sin ser de espionaje, tienen alcances de ciencia ficción: todo se sabe.

¿Esto no es toral en la ley Telecom? No, no lo es porque desborda nuestra previsión y así se vuelve moneda de cambio en el debate parlamentario.

La radiodifusión es un tema añejo que difícilmente moverá sus coordenadas. Desde su nacimiento ha estado en manos de los concesionarios, así seguirá.

Tendríamos que preguntarnos, ¿en dónde los grupos criminales han aprendido a secuestrar, torturar, y violentar a todo el país;  qué efecto han tenido y continúan teniendo las series televisivas plagadas de sangre, escarnio y venganza que a todas horas y en casi todos los canales se transmiten diariamente?

Pensar que la competencia comercial dará frutos de calidad en los contenidos de sus transmisiones, es de una ingenuidad angelical. La inversión económica exige la obtención de usufructos cada vez mayores para generar mejorías tecnológicas, cubrir mayores espacios de cobertura y en suma, alcanzar dividendos de rentabilidad. Esa es la visión central de quienes ya están en los medios concesionados y de quienes ingresarán con las nuevas cadenas televisivas. Es natural. Una vez satisfechos esos condicionantes, podrán avocarse a otro tipo de contenidos. En los medios públicos, la ecuación es justamente la contraria. Está primero la misión que, en el México actual con tantas zonas conflictivas y ensangrentadas por el crimen, es una necesidad ya que su axiología es otra: trabajar en la elaboración de una conciencia diferente, artística, positiva, creadora, armónica, analítica, crítica.

¿Vendrá en la ley Telecom un impulso vigoroso hacia las emisoras de radio educativas; se estimularán las redes televisivas educativas y culturales de los estados, las universitarias, las indígenas y comunitarias?

¿Veremos un impulso decisivo al OPMA (Organismo Promotor de Medios Audiovisuales) y a los canales Once y 22; veremos eso en la redacción definitiva de esa reglamentación que esperamos vea la luz en breve?